Bicentenario Marista, Loja

 

 

 

EUCARISTÍA POR EL INICIO DEL BICENTENARIO DE FUNDACIÓN DEL INSTITUTO MARISTA 

(Loja, 2 de enero de 2017)

 

Homilía de Mons. Alfredo José Espinoza Mateus,

Obispo de Loja (Ecuador)

 

 

Sabemos bien, como hemos repetido en el Salmo, que “el esfuerzo humano es inútil sin Dios” Es el Señor el que construye la casa, es el Señor el que guarda la ciudad, y ha sido el Señor el que ha ido guiando, moldeando y custodiando como gran tesoro, el caminar del Instituto Marista a lo largo de estos 200 años que celebramos hoy.

 

Si hay algo que se repite en los inicios de las Congregaciones Religiosas, es la sencillez de sus orígenes y el “sueño” de Dios que movía a sus fundadores.

 

Los fundadores han sido hombres y mujeres que confiaron plenamente en el Señor, sabiendo que todo esfuerzo humano es inútil sin la presencia de Dios. Así, Santa Teresa de Calcuta, San Juan Bautista de La Salle, San Juan Bosco, como también San Marcelino de Champagnat.

 

Un 2 de enero de 1817, el P. Marcelino y dos jóvenes iniciaron un “sueño”, el sueño de llevar el Evangelio a los niños y jóvenes más necesitados.

 

Fue un sueño sembrado con plena confianza en el Señor y un sueño que creció y se robusteció a lo largo de estos doscientos años.

 

Siempre digo que “celebrar” es un mirar hacia atrás pero de manera especial un “mirar hacia adelante”.

 

¿Cómo ustedes hoy, queridos Hermanos Maristas miran hacia atrás? ¿Cómo miran hacia sus orígenes fundacionales? ¿Cómo miran hacia lo esencial de su vida religiosa de educadores guiados por el modelo de María?

 

Creo que deben hacerlo teniendo presente el “testamento” de Marcelino en el que les pide, como hermanos, el “AMARSE”, y se los pide como el deseo más vivo de su corazón en los últimos instantes de su vida.

 

Deben hacerlo viviendo, a ejemplo de los primeros cristianos, un estilo de vida que comparte todo, unidos alrededor de la fracción del pan y poniendo todo en común.

 

Deben hacerlo siendo fieles a su vocación, amando esta vocación y perseverando con entereza y decisión.

 

Deben hacer viviendo como buenos religiosos, sabiendo que no es fácil la respuesta diaria a la vocación, pero que la “gracia lo suaviza todo y que Jesús y María los ayudarán”.

 

Deben hacerlo sabiendo que como educadores son, como les pide el P. Marcelino, “ángeles custodios de los niños que están confiados… sabiéndolos amar y respetar”.

 

Deben hacerlo viviendo, como nos pide hoy el Papa Francisco, en actitud de salida hacia los descartados de la sociedad, hacia las periferias geográficas y existenciales de hoy. Sí queridos hermanos, es fácil instalarse en lo que tenemos, en la seguridad de nuestras obras, pero hoy, el celebrar ustedes estos 200 años, les pone en actitud de salida y toda salida conlleva riesgo, incertidumbre, riesgos y exige valentía y decisión.

 

Les invito a ser valientes, les pido que pongan en el centro de sus vidas de Hermanos Maristas a los niños, como los puso Jesús, y también a los jóvenes, y a ellos recíbanlos, y a ellos entreguen todo lo que son y lo que tienen. A ellos, a los niños y jóvenes más pobres, tienen que salir como el Buen Pastor, que va en búsqueda de esa oveja perdida y se alegra cuando la encuentra.

 

Sé que quizás hoy, como dice Francisco, son más las ovejas que están fuera, quizás las noventa y nueve y solamente una la que está segura… por eso, hoy más que nunca les urge salir y arriesgar, salir y comenzar, salir y buscar.

 

Bien dice en su mensaje el Hermano Emili Turú, Superior General, que este Bicentenario nos pide “MIRAR HACIA ATRÁS”.

 

Deben mirar hacia atrás con corazón alegre y agradecido. Hay que saber decir GRACIAS al Señor por el regalo de Marcelino y del Instituto Marista a la Iglesia. Por los miles de miles de hermanos que han entregado su vida a esta misión durante estos 200 años.

 

Decir GRACIAS por la santidad silenciosa, cotidiana, diligente y servicial de tantos hermanos, a ejemplo de María, la Virgen de Nazareth.

 

Decir GRACIAS por los miles y miles de laicos que han hecho vida y se comprometen a “remar” por todo el mar Marista de servicio y entrega.

 

Decir GRACIAS por los millares de niños y jóvenes que han crecido bajo la luz Marista de la educación.

 

En este mirar hacia atrás, también hay que saber pedir PERDÓN. Sí, queridos hermanos, saben que tienen que pedir perdón por las infidelidades al Carisma, por no haber sido siempre testigos de los valores profesados, por la falta de valentía para los tiempos y las exigencias nuevas. Pero sobre todo, por no salir al encuentro de los marginados, especialmente hoy, donde miles de voces claman cercanía, ternura, entrega, educación y piden dignidad.

 

Pero, queridos hermanos, no solamente hay que mirar hacia atrás. MIREN HACIA ADELANTE… es un NUEVO COMIENZO.

 

Por eso, esta celebración les abre al COMPROMISO, a ese NUEVO COMIENZO. A llevar adelante con decisión esa herencia recibida de doscientos años.

 

Y en este “nuevo comienzo”, se les pide “NOVEDAD”. No es una celebración para seguir repitiendo lo que siempre se ha hecho… sería traicionar a su fundador.

 

Es una celebración para abrir el corazón al Espíritu Santo, discernir cuál es la voluntad de Dios. Francisco nos dice: “El Señor nos dé la gracia de un corazón abierto a la voz del Espíritu, que sepa discernir lo que no debe cambiar porque es fundamento de lo que debe cambiar para poder recibir la novedad del Espíritu”

 

Es lo que yo pido para ustedes… estén abiertos a esa “novedad de Dios”. Hagan nueva la respuesta en su misión educativa. Hagan nuevo el estilo de vivir en común, de compartirlo todo. Hagan nueva la herencia de amarse y ser testigos de amor para los demás. Hagan nueva la acción de acoger a los niños y jóvenes poniéndolos en el centro de su misión y de su entrega.

 

Hagan NUEVA siempre la misión MaristaVIVAN LA NOVEDAD en estos doscientos años, que son el inicio de algo nuevo, de una historia por construir y de una misión por vivir. Recuerden, que, “el mejor vino está por venir”. ASÍ SEA.

 

 

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