Pastoral Vocacional

           

El siglo XXI corre vertiginosamente y todo hace presagiar un cambio de época. Aunque no sabemos qué nombre recibirá esa nueva era, sí sabemos las consecuencias que ella nos traerá: contaminación ambiental, inseguridad, violencia política, intolerancia religiosa, crisis económica, vacío existencial, entre otras muchas incertidumbres.

 

En medio de este panorama te formulamos a Ti, joven de hoy, la siguiente pregunta: ¿ser Hermano Marista es válido ante tantos cambios, ante tantas inseguridades, ante un mundo que no deja espacio para pensar en el otro? ¿en donde lo único válido es sobrevivir compitiendo para ser mejor y estar por encima de los demás?

 

Y nosotros, los Maristas de Champagnat, queremos ofrecerte algunas pistas para que TU, presente y futuro de nuestro mundo y de nuestra Iglesia, construyas en libertad la respuesta más acertada:

 

Te aseguramos que en un mundo desgarrado por las rivalidades, el egoísmo y el individualismo, existe un estilo de vida que no sólo te da las herramientas para actuar y transformar las realidades que nos deshumanizan y limitan nuestro ser, sino que te permiten ser signo y testimonio de un mundo diferente, de un mundo capaz de levantar la voz e iluminar la oscuridad.

 

Por ello la mejor respuesta que Marcelino Champagnat tuvo (un sencillo cura francés quien nos fundó hace casi 200 años) fue la de buscar jóvenes que quisiesen ser Hermanos, Hermanos de los niños y los jóvenes pobres, de quienes más los necesitan, quienes inician su caminar por este mundo a expensas de ser arrollados por la locomotora del sin sentido.

 

Por ello Ser Hermano (con H mayúscula) no es un título, es mas bien un don, porque es un llamado que se convierte para cada uno de nosotros en un reto, un desafío cotidiano por hacer de nuestra comunidades un germen de la fraternidad, nuestros colegios y centros sociales como espacios en donde sea posible vivir el amor cristiano. Y este amor en el cual nos inspiramos, lo hemos tomado como modelo del rostro de María, de quien heredamos nuestra identidad: Ser rostro mariano de la Iglesia, que acoge, escucha y acompaña a las jóvenes generaciones en la construcción de sus sueños.

 

Te invito a TI para que te unas a este sueño y seas sensible a las llamadas del Señor, que en el silencio de los que no tienen voz te grita y llama. Él está a la espera de tu respuesta, eres el único que puede dar esta opción.