Mi Experiencia en La Paz

 

 

En agosto de 2017 al Centro Champagnat La Paz, llegó desde Alemania a hacer su año de servicio social Josephine Dehnbostel voluntaria de la ONG AFS. Con un español muy limitado cuyo vocabulario se limitaba a: Hola, muchas gracias y adiós, está joven de 18 años desde el comienzo dio muestra de querer vivir a profundidad una nueva vida inmersa no solo en nuevo idioma, sino también en una nueva cultura y lo más importante en una nueva realidad.

 

Para quienes acompañamos su proceso, la experiencia vivida resultó maravillosa y para los niños, niñas y jóvenes que tenemos en el centro resultó ser no solo la profe de inglés, sino un referente de otra posibilidad de vivir el ser joven y abrir la mente a nuevas metas.

 

En junio de 2018 regresó a Alemania. A continuación, les comparto el artículo que nos ha enviado. No he querido hacer ningún retoque al texto original porque me maravilla el español que aprendió en menos de un año y los sentimientos que pueden descubrirse en estas letras.

 

Claudia A. Rojas Carvajal

 

Mi experiencia en el Centro Comunitario Champagnat

 

 

Han sido más que siete meses ya desde que me regresé a Alemania en agosto del año pasado. Mi tiempo en Colombia para mí fue un año lleno de aprendizaje, experiencias y obstáculos, pero también de momentos muy bonitos e inolvidables.

 

Todos los días iba al Centro Champagnat a enseñar inglés a los niños, acompañarlos en su vida diaria, compartir con ellos y apoyar a las profesoras. Me acuerdo muy bien que las primeras semanas en el Centro fueron difíciles para mí. Todavía no hablaba nada de español, tenía que acostumbrarme a una nueva cultura, empezar una vida en un país extranjero, y encontrar una manera de comunicarme con los niños. Desde el principio los niños siempre estaban muy curiosos e interesados porque obviamente también era algo nuevo para ellos conocer a una persona de un país tan lejos y de una cultura tan distinta. Muchas veces estaba frustrada porque todavía no me podía comunicar bien con ellos y no los entendía, pero con el tiempo aprendí más palabras y supe manejar mejor el idioma. Además, entendí que una forma de comunicación entre personas también es posible sin hablar el mismo idioma y los niños no dejaron de hablarme, aunque no entendiera mucho, y eso fue una experiencia muy bonita para mí. Las semanas pasaban y con el tiempo me acostumbraba a mi nueva vida, manejaba mejor el idioma y por fin podía apoyar a las profes de verdad y enseñar inglés de mi propia manera con mis propias ideas.

 

En esa época también pensaba mucho en mi motivación de este servicio social, en lo que quería enseñar a los niños y en lo que quería aprender. Y además de enseñar inglés también quería compartir con los chicos, queria hablarles de mi país, de mi cultura y de mi forma de pensar porque la mayoría de ellos nunca habían salido del país ni escuchado otros idiomas. Recuerdo muy bien, que en los descansos los chicos muchas veces me decían: “¡Profe, habla alemán!” Y yo les decía algo en alemán y ellos se quedaban callados y fascinados por estos sonidos de un idioma extranjero.

 

Y así fue que poco a poco construí una relación con los chicos y compartir y hablar con ellos se volvió en mi motivación de madrugar e irme todos los días a Usme. También quería decirles que la educación es importante para encontrar un trabajo y tener una vida independiente más adelante. Creo que encontrar una manera como ellos me escucharon también era relativamente fácil, porque ellos entendían que yo también era estudiante hace poquito y yo solo tenía unos años más que ellos.

 

Así pasó el tiempo y finalmente tuve que despedirme de los chicos y de las profesoras en Junio del año pasado. La despedida fue muy triste para mí porque no sabía si y cuando los volviera a ver y además porque se había acabado un año tan intenso para mí, lleno de intercambios interculturales y experiencias que nunca voy a olvidar.

 

Pero vea pues, en el mes pasado tuve la oportunidad de volver a Colombia por mi novio, y fui a visitar a los niños y las profesoras en el Centro. Obviamente ahora hay muchas caras nuevas, pero también todavía estaban unos chicos de mi época en el Champagnat, y el reencuentro estuvo muy feliz para todos nosotros. También me hizo muy feliz ver que los chicos sigan estudiando y no pierdan la motivación.

 

Así me regresé contenta a Alemania con tantas experiencias y sabiendo que allá las puertas están abiertas para mí y que siempre puedo volver.

 

 

Josephine Dehnbostel

 

 

 

 

 

 

 

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